Caso de estudio
Una revisión de la interfaz interna de soporte para una editorial independiente, pensada para reducir la fricción en el seguimiento de encargos y pedidos de reimpresión.
La editorial trabajaba con un panel de soporte que acumulaba años de parches: campos duplicados, estados ambiguos y una vista de lista que obligaba a abrir cada ticket para entender su contexto. El equipo pasaba más tiempo interpretando la herramienta que resolviendo consultas de autores y librerías.
El encargo no era rediseñar desde cero, sino ordenar lo existente. La consigna fue clara: conservar la lógica de trabajo actual, pero hacer visible la información que realmente importa en cada etapa del flujo.
Empecé observando cómo trabajaba el equipo durante una semana. Sin esa observación, cualquier propuesta habría sido una solución teórica. De esas sesiones salieron tres hallazgos: la mayoría de las consultas eran de seguimiento de envíos, los tickets se reasignaban con frecuencia por falta de contexto, y el campo de notas libres concentraba información crítica que nadie podía filtrar.
Con eso armé una maqueta de baja fidelidad que probamos en dos rondas. Los ajustes fueron menores pero importantes: el color de los estados pasó de un código arbitrario a una escala cromática con significado, y la búsqueda empezó a incluir el nombre del autor además del número de pedido.
El panel pasó de ser un archivo de consultas a una herramienta de trabajo diario. El tiempo promedio de resolución bajó porque la información necesaria está a la vista, sin saltar entre pantallas.
Lo más valioso del proyecto no fue la interfaz en sí, sino el orden que dejó en el equipo: ahora hay un criterio compartido sobre qué significa cada estado y cuándo un ticket debe escalarse.
Proceso de trabajo
Cada encargo de ilustración o diseño editorial sigue un recorrido claro. Así se organiza el trabajo, desde la consulta inicial hasta la entrega de las piezas listas para imprimir o publicar.
Me contás la idea, el formato y el uso previsto: portada, fanzine, cartelería o serie completa. Con eso armamos un brief breve con referencias, tono y plazos estimados.
Preparo dos o tres caminos visuales en lápiz o tinta. Elegimos juntos cuál se acerca más a la identidad del proyecto y ajustamos composición, encuadre y clima.
Sobre el boceto aprobado, trabajo la ilustración final: línea, textura, paleta y detalles. En piezas editoriales, sumo la maquetación tipográfica si el encargo lo incluye.
Enviamos una versión para revisar. Los cambios se limitan a lo acordado en el brief: color, proporciones o detalles de línea. Así evitamos vueltas largas y mantenemos el foco.
Recibís los archivos en el formato que necesites: PDF para imprenta, PNG de alta resolución o archivo editable. Incluyo una breve nota con las especificaciones de color y tamaño.
Una vez entregado, quedamos en contacto por si surge una segunda edición, una adaptación de formato o un proyecto nuevo. El archivo del proceso queda documentado para futuras consultas.
Una ilustración simple suele tomar entre una y dos semanas. Proyectos editoriales completos, como un fanzine o una serie de portadas, requieren más margen. En la consulta inicial te confirmo un plazo realista según la cantidad de piezas y el nivel de detalle.