Proyecto · Ilustración editorial
Un flujo de encargos estacionales pensado para coordinar fechas, presupuestos y entregas sin perder el registro manual del proceso.
Cada temporada llegan pedidos de cartelería para ferias, portadas para ediciones independientes y piezas para marcas chicas que necesitan una fecha clara de entrega. El problema no era la falta de trabajo, sino ordenar la demanda: qué encargo entra primero, cuánto tiempo real lleva cada boceto y cuándo hay que frenar para no prometer de más.
Armé un sistema de reserva de cupos por trimestre. Antes de confirmar un proyecto, reviso la cantidad de piezas comprometidas, el margen para correcciones y el tiempo de impresión si el cliente trabaja con una gráfica externa.
El flujo tiene tres momentos fijos: una primera conversación donde se define el alcance, una etapa de bocetos con una sola ronda de ajustes incluida, y la entrega final con los archivos listos para imprimir o publicar. Cada paso queda anotado en una ficha simple que comparto con el cliente.
Las decisiones prácticas importan más que la promesa de un resultado perfecto. Por eso el presupuesto se apoya en la cantidad de ilustraciones, las correcciones previstas y el tipo de uso que se le va a dar a la pieza.
Después de dos temporadas usando este esquema, los encargos llegaron con menos idas y vueltas. Los clientes saben desde el inicio qué incluye cada etapa y qué no. Las fechas se cumplen con más margen y el registro de cada proyecto sirve como referencia para presupuestos futuros.
El sistema no es rígido: si un proyecto editorial necesita más rondas de boceto, se ajusta el cupo y se avisa con tiempo. La idea es que el flujo acompañe el trabajo, no que lo complique.
Bocetos originales, planillas de seguimiento y ejemplos de piezas terminadas de temporadas anteriores.
Cada encargo nuevo arranca con la revisión de estos materiales para ajustar tiempos y evitar sorpresas.
Proceso de trabajo
Cada encargo de ilustración o diseño editorial sigue un recorrido claro. Así se organiza el trabajo, desde la consulta inicial hasta la entrega de las piezas listas para imprimir o publicar.
Me contás la idea, el formato y el uso previsto: portada, fanzine, cartelería o serie completa. Con eso armamos un brief breve con referencias, tono y plazos estimados.
Preparo dos o tres caminos visuales en lápiz o tinta. Elegimos juntos cuál se acerca más a la identidad del proyecto y ajustamos composición, encuadre y clima.
Sobre el boceto aprobado, trabajo la ilustración final: línea, textura, paleta y detalles. En piezas editoriales, sumo la maquetación tipográfica si el encargo lo incluye.
Enviamos una versión para revisar. Los cambios se limitan a lo acordado en el brief: color, proporciones o detalles de línea. Así evitamos vueltas largas y mantenemos el foco.
Recibís los archivos en el formato que necesites: PDF para imprenta, PNG de alta resolución o archivo editable. Incluyo una breve nota con las especificaciones de color y tamaño.
Una vez entregado, quedamos en contacto por si surge una segunda edición, una adaptación de formato o un proyecto nuevo. El archivo del proceso queda documentado para futuras consultas.
Una ilustración simple suele tomar entre una y dos semanas. Proyectos editoriales completos, como un fanzine o una serie de portadas, requieren más margen. En la consulta inicial te confirmo un plazo realista según la cantidad de piezas y el nivel de detalle.